Mindfulness y el estrés

Cómo el mindfulness nos ayuda a gestionar el estrés

Cuando sufrimos de estrés, hay una alteración en los sistemas de regulación emocional. Perdemos la capacidad consciente de permitir que el cuerpo vuelva al estado de calma, serenidad o pausa cuando vemos que no hay una amenaza real para nuestra supervivencia.

Disponemos de 3 sistemas desde los que podemos trabajar, algunos de forma instintiva y otros consciente, según Gilbert (2009-2015)

  • Sistema de amenaza y defensa: está enfocado hacia la seguridad, lucha, huída y protección. Nos ayuda a conectar todo lo que tiene ve que ver con los sentimientos de miedo, ira, inseguridad y ansiedad y que genera adrenalina y cortisol ante una amenaza.
  • Sistema de incentivos y búsqueda: enfocado hacia conseguir metas, superar desafíos, competir, poner en práctica nuestras fortalezas para conseguir retos. Nos conecta con sentimientos de energía, motivación y alerta. Genera dopamina.
  • Sistema de calma y afiliación: enfocado en el autocuidado, empatía, amabilidad, generosidad, calidez. Conecta con los sentimientos de calma, confianza y seguridad. Genera hormonas como las endorfinas o la oxitocina.

El estrés crónico anula el sistema de calma y afiliación, exacerbando los otros dos sistemas, de forma que nos resulta muy difícil pasar al estado de calma de una forma natural. De este modo, no somos capaces de regular nuestras emociones y sistemas de forma clara y efectiva. El Mindfulness trabaja potenciar ese sistema de calma y afiliación a través de distintas propuestas: meditaciones, ejercicios prácticos, la contemplación, la conexión con el silencio…

Estar estresado implica un estado de tensión física y mental: se genera como respuesta automática ante situaciones externas percibidas como amenazantes o demandantes. En sí mismo no es «malo», pues nos impulsa a conseguir objetivos. La respuesta de estrés es necesaria y adaptativa. Pero si se prolonga o intensifica se pueden experimentar serios trastornos físicos y emocionales, afectando al desempeño.

Estímulo + creencias –> emoción –> sentimiento –> pensamiento –> conducta –> hábito.

Ante cualquier estímulo en nuestra vida, se genera una emoción, vivida de una u otra forma en función de las creencias que tenemos (ideas que hemos ido acumulando en función de nuestras vivencias). Esas emociones dan lugar a unos sentimientos, que tienen que ver con la interpretación de esa emoción, en el tiempo. Eso nos lleva a tener una forma de pensar, lo cual a su vez acaba generando unas conductas o formas de hacer, que dan lugar a hábitos.

¿Reaccionas o respondes ?

Ante un estímulo, se genera una respuesta. Aunque parece algo automático, en realidad hay un intervalo entre estímulo y respuesta.
En ese intervalo está nuestra interpretación de la situación: se genera una emoción (rabia, alegría…), una interpretación (qué discurso le damos), un impacto físico en nuestro cuerpo (escalofrío, dolor…)

Ese intervalo es el que se trabaja desde el Mindfulness, haciendo consciente ese intervalo, pues así podemos entonces ejercer una libertad de elección en cuanto a la respuesta que damos.

Ejemplo: Un desconocido te pisa, se disculpa, y dices que no pasa nada. Antes de decir eso: te ha dolido el pie, te has enfadado, te has dado cuenta de que ha sido sin querer, y en consecuencia perdonas, respondes amablemente y continúas andando, con tu dolor de pie.

Haciendo consciente ese intervalo, desde el Mindfulness, adquirimos la habilidad de gestionar los estados emocionales, que incluiría su percepción, comprensión, manejo y utilización (libre) constructiva (Mayer y Salovey, 1997).

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